Los científicos tienen la figura clara. James Hansen et al, en su artítulo “Una causa para los jóvenes y la naturaleza: Un camino para un Futuro Sano, Natural y Próspero”, nos explica muy claramente que el impacto del calentamiento global  (hoy 0,8 ° C) ya está causando varios efectos de retroalimentación, como la pérdida de hielo polar, la acidificación de los océanos, la expansión de los cinturones calientes subtropicales secos, etc.

Nos advierten, con claros argumentos científicos, que mantener la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) a un nivel mayor a 350 partes por millón (ppm) alterará el clima de forma muy peligroso. Actualmente la concentración de GEI es de 393 ppm.

En el año 1992, momento de aprobación de la Convención sobre el clima, se estableció que: “El objetivo último de esta Convención es lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas en el sistema climático (…)“. En ese momento, la concentración de GEI en la atmósfera era de 354 ppm.

En lugar de reducir las emisiones y reducir o estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero, estos han ido creciendo año tras año. Durante los ‘90 las concentraciones de GEI crecieron con un promedio de 1,5 puntos de ppm por año, durante la primera década del siglo 21 con 2 ppm/año [1]. Esto se traduce en un incremento de la tasa de calentamiento: Durante los últimos 100 años, la Tierra se ha calentado a un ritmo de 0,07 grados Celsius por década. En los últimos 40 años, la tasa se ha duplicado a 0,15 grados por década.

Hansen et al, afirman en su artículo que es necesario reducir las emisiones globales en un 6% por año para poder volver por debajo de 350 ppm y permanecer fuera de la zona de peligro climático.

Compare este dato con la mayor demanda de reducción de emisiones expresada en las negociaciones de la CMNUCC, que es la propuesta de Bolivia, la cual exige que los países desarrollados deben reducir el 50% de sus emisiones para el año 2017, sobre los niveles de 1990 [2]. Teniendo en cuenta que en el período 2008 -2012 (primer período de compromiso del Protocolo de Kyoto) que ya se ha comprometido a reducir un 5% en los niveles de 1990, la reducción en el período 2013-2017 sería de 50% -5% = 45%, lo que hace que un 9% anual para los países desarrollados, más de lo que Hansen et al piden.

Pero pongamos esto en perspectiva. Teniendo en cuenta que las emisiones globales tendrían que reducir 6% a nivel mundial por año, la propuesta de Hansen supone un 30% de reducción en el período de cinco años de 2013-2017. Según la propuesta de Bolivia, los países desarrollados deben reducir un 45%. Teniendo en cuenta que los países desarrollados representan un poco menos de la mitad de las emisiones globales, la parte restante tendría que ser reducido por los países en desarrollo, durante el mismo período de cinco años sería de 16,1% [3].

Estas reducciones resultarían en emisiones per cápita en promedio a 6,35 toneladas en los países desarrollados, y 2,54 toneladas en los países en desarrollo [4].

Al parecer, analizando en base al criterio poblacional  incluso la propuesta “extremista”  de Bolivia es injusta para los países en desarrollo. Esto se acentua aún más si se toma en cuenta la deuda climática histórica que tienen los países desarrollados, y el hecho de que tienen más medios tecnológicos y financieros que los países en desarrollo para poder aplicar una transición a sociedades con bajas emisiones.

Ahora, compare esto con lo que son las promesas de contribuciones efectivas en el marco de la Convención. Los países desarrollados se comprometieron a reducir 12 a 18% en los niveles de 1990[5]. Por lo tanto la reducción en el período 2013-2017 sería de 13%, en el caso de que cumplan con la promesa de reducción del 18%. (Descontando de la promesa maximalista el 5% que ya se debe reducir hasta el año 2012). Durante un período de cinco años, esto hace un promedio anual de 2,6% de reducción. En el caso de la reducción de las promesas minimas de sólo el 12%: 12% -5% = 7%, o una tasa de reducción de 1,4% por año[6].

A esto hay que sumar el hecho que los países en desarrollo –a pesar de que están realizando grandes esfuerzos para desviarse de sus líneas de base –“business-as-usual”– en los hechos, seguirán incrementando sus emisiones hasta por lo menos hasta 2017, principalmente debido al crecimiento demográfico y los factores de desarrollo. El resultado final es que incluso en el mejor de los casos, la reducción de las emisiones mundiales será muy por debajo de 1,4% por año, muy lejos de los 6% que Hansen nos indica es lo necesario.

Hansen et al advierten que si los esfuerzos reales de reducción de emisiones se posponen hasta el año 2020, la tasa global de reducción deberá ser del 12% al año, si queremos que el mundo vuelva a una zona de seguridad climática. Que estas reducciones ocurrirían es aún más improbable que la reducción del 6% al año, empezando mañana.

La buena noticia es que los mismos autores, nos dicen que efectuar estas reducciones es técnicamente posible e incluso económicamente sensible.

Aun así, en las negociaciones de la CMNUCC, muchos se han burlado y han ridiculizado a la propuesta boliviana, por no ser económica ni políticamente creíble.

Si no tomemos en cuenta urgentemente las advertencias de científicos serios, como Hansen y sus colegas de 12 universidades e institutos de investigación de renombre mundial, estamos firmando para un drama climático.¿Es políticamente realista simplemente rechazar sus resultados de investigación?

Si nos preguntaríamos lo mismo en un nivel personal: ¿Unos padres estarían dispuestos a hacer esfuerzos hasta sobrehumanos para la sobrevivencia de un hijo gravemente enfermo? La respuesta es afirmativo para la vasta mayoría de los padres.

En este caso, la Madre Tierra está enferma, y ​​todos nuestros hijos van a sufrir gravemente, si no actuamos rápidamente.

 



[1] http://www.esrl.noaa.gov/gmd/ccgg/trends/

[2] http://unfccc.int/resource/docs/2010/awg13/eng/misc05.pdf, página 4

[3] 52% de las emisiones GEI originaban en de los países en desarrollo y 48% en los países desarrollados (datos: World Recource Institute)

[4] Cálculos basados ​​en los estimados de emisiones per cápita en los países desarrollados de 11,56 toneladas / habitante, y los países en desarrollo de 3,03 ton / cápita. (World Recource Instituto, datos de 2008)

[5] http://unfccc.int/resource/docs/2011/tp/01.pdf, página 24

[6] Teniendo en cuenta que las promesas más altos están condicionadas por factores políticos, que no han sido cumplidos hasta hoy, lo más probable es que sólo se van a cumplir las promesas de minimalistas.

 

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